Descubriendo el palacio mudéjar del siglo XIV

Al ascender a la segunda planta del museo en el recorrido habitual, se encuentra la sala octava, un espacio que en la pasada década estaba ocupado por dos despachos construidos con muros de ladrillo y mamparas de aluminio, y también por un viejo aseo. La estancia, que tan apenas recibía luz natural y ventilación, era un lugar insalubre.

Espacio cubierto con bóveda por aproximación de hiladas.

Espacio cubierto con bóveda por aproximación de hiladas.

Los trabajos de restauración en este lugar consistieron principalmente en retirar los tabiques, el aseo y sanear los paramentos. Además, se destacó el arco diafragma que hoy puede apreciarse en el muro sur de la sala, pero, al repicar los muros, nuevamente  surgieron elementos inesperados. Por un lado, se encontraron los restos de tres peldaños de una escalera moderna, que no llevan a ninguna parte, y, por otro lado, apareció un espacio intramural construido en ladrillo y cubierto con bóveda por aproximación de hiladas, que se identificó en un primer momento como una escalera, y que también se ha relacionado con el sistema de calefacción.

Este último elemento mencionado se explica al recordar que el palacio fue ampliado en la segunda mitad del siglo XIV por el arzobispo don Lope Fernández de Luna (1351-1380), y que las Casas del Obispo sufrieron un incendio en el año 1372, por lo que el rey Pedro IV el Ceremonioso (1336-1387) y el arzobispo acordaron la cobranza de primicias destinadas a la reconstrucción del edificio tras la catástrofe.

 

daniel salvador

Ventana de yeso tallado.

Se expone en este espacio otro vestigio de ese momento: una ventana de yeso tallado, que fue descubierta en el año 1972 en unos trabajos de reforma que se realizaron entonces en el palacio arzobispal. Esta ventana se encontró embebida en uno de los muros de la planta baja, puesto que en reformas posteriores se reaprovecharon los muros medievales, y al ser extraída quedó rota en múltiples fragmentos. Forma el vano un arco mixtilíneo que se entrecruza en su clave creando un hexágono, y que queda encuadrado por un alfiz, definiendo las albanegas que reciben decoración de ataurique. El arco se eleva sobre dos pequeños pilares de sección octogonal y sus capiteles, y completa la pieza un antepecho ornamentado también con ataurique, en el que desataca una piña en su centro. La ventana se vincula con el taller de yeserías de la Aljafería, que se encontraba activo a mediados del siglo XIV, y, si nos acercamos a ella, incluso es posible apreciar sobre su superficie restos de policromía.

 

Bibliografía:

BOROBIO SANCHIZ, J. y BOROBIO SANCHIZ, S., Museo Diocesano de Zaragoza. Biografía de una restauración, Zaragoza, Museo Diocesano de Zaragoza, 2011.

BORRÁS GUALÍS, G. M., “El palacio mudéjar de los arzobispos de Zaragoza”, en: VV. AA., Estudios en homenaje en honor al Dr. Antonio Beltrán Martínez, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 1986, pp. 1007-1014.

BUESA CONDE, D. J. y BOROBIO SANCHIZ, J.,  “El Museo Diocesano de Zaragoza. Su proceso de creación”, Artigrama, núm. 29, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, Departamento de Historia del Arte, 2014, pp. 37-64.

OLMO GARCÍA, A., “El palacio mudéjar de Don Lope Fernández de Luna, Arzobispo de Zaragoza”, Aragonia Sacra, núm. XXI, Zaragoza, Arzobispado de Zaragoza, 2011, pp. 237-248.



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