El hallazgo de una portada gótica en el palacio arzobispal

Tras conocer la historia de la Sala Identitas accedemos, en este recorrido tácito, al espacio ocupado por dos galerías superpuestas que se corresponden con las salas cinco y diez del museo.

Con anterioridad a su restauración, estos dos espacios alargados estaban divididos en varias estancias, ocupadas por diferentes departamentos y despachos. Al retirar el enlucido de las paredes, se descubrió el valor de los muros ocultos y un voluminoso acceso, que resultó ser la portada de la capilla gótica construida por el arzobispo don Dalmau de Mur (1431-1456) a mediados del siglo XV. Además, aparecieron durante los trabajos unos canes de madera que posiblemente formaron parte del tejadillo que cubrió la puerta en ese momento. Sin embargo, la portada apareció mutilada en la zona inferior y en el lateral derecho, que, a partir de calcos y moldes, tuvo que ser reconstruido por simetría, gracias a que la decoración conservaba una importante cantidad de su superficie. Otro de los elementos desaparecidos es el tímpano que se hallaba sobre el vano, una pieza de alabastro que estaría ornamentada en origen, pero solamente queda de ella un pequeño resto.

Vista general de la galería en la planta 0.

Vista general de la galería en la planta 0.

Tras la restauración de la capilla, puede verse que el acceso está formado por un arco rebajado con decoración de fulla, que se extiende por los capiteles que lo flanquean, y enmarcado por los baquetones de las jambas que continúan por las arquivoltas definiendo el tímpano, formando un arco apuntado y algo abocinado. Todavía pueden apreciarse algunos restos de policromía y dorado, especialmente en las arquivoltas. Finalmente, el acceso queda encuadrado por un alfiz sobre el que se extienden motivos decorativos propios del gótico flamígero.

La construcción de la capilla y su acceso comenzó en torno al año 1445, y entre los artistas que se documentan en estas obras se encuentra Juan de Laredo, un picapedrero que en dicho año recibía varios pagos por labrar y colocar la piedra de la puerta. Este profesional se había formado durante dos años con el maestro Johan de Bruxeles, quien a su vez había trabajado a las órdenes de Pedro Jalopa, que era dirigido por el maestro Isambart en la construcción de la desaparecida capilla de San Agustín de la Seo. Estos pertenecerían a un grupo de profesionales procedentes del Norte de Francia que llegan a la ciudad en la primera mitad del siglo XV, trayendo consigo las novedades del estilo gótico.

 

Detalle de la portada gótica, del siglo XV.

Detalle de la portada gótica, del siglo XV.

Juan de Laredo sería un artista destacado en la Zaragoza de mediados de siglo XV, ya que por esas fechas recibió encargos del arzobispo don Dalmau de Mur y de la Diputación del Reino, y posteriormente de Juan de Aragón, rey de Navarra (1425-1479) y futuro rey de Aragón como Juan II (1458-1479). En las décadas siguientes, también estuvo al frente del desmantelamiento, traslado y reinstalación de la antigua portada principal de la iglesia de Santa Engracia, sustituida por la de Gil de Morlanes e hijo cuando el templo fue ampliado en el siglo XVI, y se encargó del mantenimiento del empedrado del Puente de Piedra.

Volviendo a la portada gótica del palacio arzobispal, debemos ubicar este espacio del museo en el momento de su construcción, pues hoy queda en el interior del mismo, pero por aquel entonces la puerta fue abierta sobre una de las fachadas del edificio, comunicando la capilla palatina con la zona ajardinada del recinto. Con el paso del tiempo diferentes reformas transformarían este lugar, cerrando el espacio ante la puerta, que se fue compartimentando. Hoy este elemento convive en la galería con un gran arco apuntado de piedra y ladrillo que comunica con la Sala Identitas, y con dos vanos que dejan ver la sala donde se muestra la historia del edificio.

Restos de decoración pictórica sobre el muro de la galería.

Restos de decoración pictórica sobre el muro de la galería.

Según indican los arquitectos responsables del proyecto y la dirección de las obras, “aparte de la delicada restauración practicada con conocimiento y rigurosidad de la portada gótica, se ha trabajado en la recuperación de la expresividad del muro, desde los sillares más antiguos hasta las fábricas de calicanto, consolidando y poniendo en valor incluso los más pequeños restos de decoración pictórica aparecidos en los paramentos del muro”. Así, se aprecia sobre el mismo su historia y sus transformaciones, adquiriendo una personalidad que mantiene el equilibrio ante la colección de arte que se expone sobre el muro opuesto.

 

Bibliografía:

BUESA CONDE, D. J. y BOROBIO SANCHIZ, J.,  “El Museo Diocesano de Zaragoza. Su proceso de creación”, Artigrama, núm. 29, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, Departamento de Historia del Arte, 2014, pp. 37-64.

BOROBIO SANCHIZ, J. y BOROBIO SANCHIZ, S., Museo Diocesano de Zaragoza. Biografía de una restauración, Zaragoza, Museo Diocesano de Zaragoza, 2011.

IBÁÑEZ FERNÁNDEZ, J., La capilla del palacio arzobispal de Zaragoza en el contexto de la renovación del Gótico final en la Península Ibérica, Zaragoza, Museo Diocesano de Zaragoza, 2012.

 



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