El origen de las «Casas del obispo».

En esta ocasión, trataremos la historia del espacio donde os damos la bienvenida al Alma Mater Museum: la recepción. Con anterioridad a la restauración del edificio, este lugar era una estancia húmeda y oscura, localizada en el semisótano del palacio arzobispal, que estaba compartimentada formando pequeños espacios organizados mediante cuatro grandes pilares que sostenían una enorme bóveda de hormigón.

4-puerta

Puerta del torreón defensivo del siglo XII.

La estancia albergaba entonces pequeños almacenes, pero tras los añadidos que recubrían sus paredes se halló un espacio de gran interés. Al retirar los tabiques y los escombros de la sala, salieron a la luz los muros pertenecientes a una torre medieval del siglo XII, que pudo recuperarse casi por completo en sus tres alturas. Lo que permitió identificar la estancia fue, precisamente, el descubrimiento de la puerta de acceso a la torre primitiva. Se trataba del espacio más antiguo del palacio arzobispal, el mismo núcleo del edificio, cuyos orígenes se remontan hasta el momento de la conquista de Zaragoza (conocida en aquel momento como Saraqusṭa) por el rey Alfonso I el Batallador (1104-1134).

Tras la toma de la ciudad, que tuvo lugar en el año 1118, el rey Alfonso el Batallador y el señor de Zaragoza, el vizconde Gastón de Bearne, donaron un solar, sobre el que el obispo Pedro de Librana levantaría la torre en torno al año 1124, fortaleciendo así la vieja muralla de la ciudad. El prelado se instaló en aquella torre junto a un pequeño grupo de clérigos, dando origen al conjunto de construcciones que serían conocidas en la Edad Media como “Casas del Obispo”. Con el paso del tiempo, tras sucesivas ampliaciones del conjunto, la torre quedó embebida entre las edificaciones anejas.

4- argolla cuadrado

Argolla del siglo XVIII, momento en el que este espacio fue utilizado como caballeriza del palacio arzobispal.

Hoy la recepción es un espacio amplio, donde podemos descubrir en sus muros pequeños detalles que son testigo de la historia de esta construcción y de sus diferentes usos. Si nos fijamos con detenimiento, apreciaremos restos de molduras y azulejos de cerámica, así como una argolla que en tiempos serviría de amarre a los caballos del palacio, pues a esta estancia se trasladaron las cuadras cuando el palacio arzobispal fue reformado en las últimas décadas del siglo XVIII. A este momento también pertenecería el pavimento empedrado, conservado bajo la tarima de madera sobre la que caminamos cuando paseamos por este lugar.

 

Bibliografía:

BOROBIO SANCHIZ, J. y BOROBIO SANCHIZ, S., Museo Diocesano de Zaragoza. Biografía de una restauración, Zaragoza, Museo Diocesano de Zaragoza, 2011.

BUESA CONDE, D. J., “El Palacio Arzobispal de Zaragoza según un plano de 1777”, Aragonia Sacra, núm. XXI, Zaragoza, Arzobispado de Zaragoza, 2011, pp. 57-94.

BUESA CONDE, D. y BOROBIO SANCHIZ, J.,  “El Museo Diocesano de Zaragoza. Su proceso de creación”, Artigrama, núm. 29, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, Departamento de Historia del Arte, 2014, pp. 37-64.

 



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