EL ÓLEO Y SUS ORÍGENES EN OCCIDENTE

Adentrarnos en las técnicas artísticas supone viajar a través del tiempo, y hoy lo vamos a hacer gracias a la técnica del óleo, trasladándonos en un instante a un frío monasterio alemán de la orden benedictina. Fue en un lugar semejante, en pleno siglo XII, cuando el monje, escritor y artesano Teófilo, escribió la Schedula Diversarum artium (1110-20), un “recetario” o enciclopedia de distintas manifestaciones artísticas del arte románico. Dedica una parte a la pintura al óleo, siendo uno de los testimonios escritos más antiguos conservados de un arte que podemos calificar de milenario, al ver ya numerosos ejemplos de pintura la Antigüedad Clásica. En aquel momento, autores como Galeno (siglo II) ya describía en sus textos las propiedades y cualidades secantes de los diferentes aceites, empleándose sobre todo en decoración mural. Este empleo decorativo del óleo también era muy recurrente en la Inglaterra de finales del siglo XIII.

Detalle de «San Antonio Abad ascendiendo a los cielos», óleo sobre tabla de Martín Bernat, realizado a mediados del siglo XV.

Detalle de «San Martín de Tours y Santa Tecla», realizada por Tomás Giner a mediados del siglo XV.

En la colección permanente de Alma Mater Museum encontramos esta técnica aplicada sobre diferentes superficies, ya que, aunque lo más habitual en la actualidad es pintar con óleo sobre lienzo, a lo largo de la historia se ha pintado sobre otros soportes, como el muro, la madera o el metal.

Dentro de la evolución de esta técnica ocupan un lugar especial dos artistas: Jan Van Eyck, pintor flamenco del siglo XV, por perfeccionarla hasta dotar a sus obras de un realismo antes inusitado, y Antonello da Messina, importante pintor cuatrocentista italiano, por haber difundido ampliamente la técnica por Italia.

La pintura flamenca se desarrolló en los Países Bajos durante los siglos XV y XVI, y podemos ver su impronta en la obra de los artistas hispanoflamencos, destacando Tomás Giner y Martin Bernat. En este caso, era habitual pintar con óleo sobre tabla, como vemos en las obras expuestas en la sala IX del museo.

El proceso de trabajo lo aprendían a través de los maestros con los que se formaban desde una edad temprana y la conocemos con detalle gracias a libros como el mencionado de Teófilo, del cual quedan fragmentos, o “El libro del Arte”, de Cennino  Cennini (siglo XIV), considerado el primer tratado moderno de pintura, pero que sigue guardando esa curiosa estructura de recetario, que permite recorrerlo de una forma amena y discontinua.

Retablo de estilo escurialense. situado en el oratorio de D. Andrés Santos, con pintura al óleo sobre madera y cobre.

Del capítulo 89 al 94, Cennini se centra en abordar esta técnica desde diferentes perspectivas. Comienza dando indicaciones introductorias en el capítulo De cómo se pinta al óleo, sobre muro, tabla, hierro y donde se quiera, también da explicaciones concretas sobre cómo preparar los soportes e, incluso, sobre cómo preparar un aceite de buena calidad, cocido al sol. Gracias a estos textos podemos conocer mejor cómo trabajaban artistas como Tomás Giner, importante artista de Zaragoza y pintor de Fernando II de Aragón y el arzobispo D. Dalmau de Mur.

Retrato del arzobispo Don Joaquín Company, elaborado en 1800 por Francisco de Goya.

Los componentes de la pintura al óleo son fundamentalmente dos: el pigmento (que puede ser de diferentes procedencias: mineral o vegetal, en sus orígenes), y el aceite como aglutinante, para dar cohesión a la pintura y fijarla en la superficie. Aunque se han usado diferentes tipos de aceite, es el de linaza el que más se emplea en la actualidad y el que favoreció que en el siglo XV esta técnica se difundiese con un procedimiento muy depurado. El aceite de linaza más primitivo se conseguía prensando semillas de lino y purificándolo al calor, recurriendo si se podía a la acción solar. En la Baja Edad Media, de la mano de artistas como Jan Van Eyck, se depuró la técnica gracias a dos métodos. Por un lado, se modificó el sistema de purificación al mezclar el aceite puro con el agua, lo que facilitaba eliminar impurezas, y, en segundo lugar, a la hora de pintar se combinaba con disolventes volátiles, lo que favorecía el secado más rápido, y la transparencia de las veladuras.

Fue a partir de 1600 cuando la pintura al óleo empezó a emplearse de forma mayoritaria, pudiéndose ver obras sobre diferentes soportes: sobre tabla con un gesso más tradicional, sobre lienzos con una imprimación más ligera, sobre metal… Según las preferencias y recursos de cada artista o, incluso, dependiendo de la voluntad del mecenas.

En la colección permanente de Alma Mater Museum vemos en el retablo expuesto en el oratorio del arzobispo D. Andrés Santos, ejemplos de pintura al óleo sobre tabla y sobre metal.

En la actualidad, lo más habitual es ver la pintura al óleo sobre lienzo, como podemos apreciar en las obras de artistas más recientes. Es el caso del retrato del arzobispo D. Joaquín Cómpany, pintado por Goya en 1800, o el retrato del actual arzobispo, D. Vicente Jiménez Zamora, realizado por Isabel Guerra, e incorporado al Salón del Trono el pasado mes de octubre de 2019.



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