LA CORONA Y SU VALOR SIMBÓLICO

LA CORONA Y SU VALOR SIMBÓLICO

Hemos crecido viendo imágenes de reyes coronados a través de cuentos y libros de historia, así como esculturas y pinturas de la Virgen coronada, como sucede con la escultura bajomedieval de la Virgen del Pilar. Con el paso del tiempo, hemos llegado a contemplar estas escenas como el reflejo evidente de una premisa: la corona es símbolo de poder. Pero, ¿cómo surge la idea de otorgar a este elemento un significado tan rotundo? Lo vamos a conocer de la mano de algunas piezas de la colección permanente del museo.

Coronación de la Virgen, óleo sobre lienzo realizado por Jerónimo Cosida, a mediados del siglo XVI, para la iglesia de Santa María la Mayor, de Valderrobres (Teruel).

En primer lugar, si nos fijamos detenidamente, observamos que la corona posee una base circular, y es de este detalle del que emerge su riqueza simbólica. La  perfección de esta forma geométrica la identifica con la divinidad. Además, se coloca en la cabeza, vista desde la Antigüedad como la parte más noble del cuerpo humano y nexo entre la realidad humana y Dios. Es por este motivo, por el que, al ser una persona coronada, se consideraba en el pasado que se le estaba otorgando un carácter sagrado e, incluso, se le concedía a través de ella la protección divina. Retrocediendo más de dos mil años, vemos en la antigua Grecia un ejemplo de ello: la coronación era un ritual desarrollado con vivos y muertos, para que estuvieran protegidos en la vida y en la muerte.

En el cristianismo se reafirma esta simbología, reflejándose en numerosas obras, de diferentes género y épocas, con la representación de la Coronación de la Virgen o la Virgen ya coronada, e incluso, con la escena de la Coronación de espinas de Cristo.

En el óleo sobre lienzo realizado por Jerónimo Vallejo Cosida a mediados del siglo XVI, y perteneciente a la colección permanente de Alma Mater Museum, vemos una de las representaciones de la Coronación de la Virgen más habituales en el arte cristiano occidental desde comienzos del siglo XV:  la Coronación de Nuestra Señora por la Trinidad. La Santísima Trinidad, apareció en aquel momento como figura en esta obra: representada mediante tres personas diferentes y el Espíritu Santo en forma de paloma.

Jerónimo Cosida enriquece la escena con un grupo de serafines, querubines y ángeles que forman parte de la Corte celestial y acompañan a las figuras protagonistas: Dios Padre, Cristo, la paloma del Espíritu Santo y la Virgen. El espacio trascendente en el que se desarrolla la escena, se construye a través de una atmósfera lumínica con tonos amarillos de fondo.

Coronación de la Virgen, realizada por Fra Angélico en 1435. Actualmente conservado en el Museo Nacional del Louvre.

La  tradición de la Coronación de María deriva de la fe en la Asunción, ya que es una forma simbólica de representar, a través de la imposición de la corona, su unión con Dios una vez es trasladada en cuerpo y alma a los cielos. Así, la composición de la escena parece ser que parte de uno de los sermones litúrgicos dedicado por San Bernardo de Claraval (1090-1153) en la festividad de la Asunción de Santa María.

Esta pintura refleja el estilo habitual de Cosida y se inspira en dos fuentes diferentes. El grupo formado por la Trinidad y María procede de una estampa de Alberto Durero, pero dulcificando, como era ya un hábito del artista, los rasgos germánicos. En cambio, los ángeles que sostienen a María se inspiran en modelos rafaelescos  conocidos a través de grabados italianos.

 

Coronación de la Virgen, realizada por Velázquez, hacia 1635-1648. Conservada en el Museo del Prado.

Uno de los ejemplos más tempranos con una representación semejante a la de Cosida, lo encontramos en el retablo del artista quattorcentista Fra Angélico, realizado en 1435 para el altar mayor de la iglesia de Domenico, de Fisole. Interpreta la escena representando a la Virgen siendo coronada por Cristo, ambos entronizados y rodeados de un gran número de ángeles y santos.

Esta representación se perpetuará en el tiempo pudiendo ver ejemplos en el arte barroco. Muestra de ello es la obra que realizó Velázquez hacia 1635 y 1648, destinada al oratorio de la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, en el real Alcázar de Madrid. En este caso, la escena de la Coronación de la Virgen también está siendo coronada por la Trinidad.

Con este breve recorrido a través de la representación de la Coronación de la Virgen, vemos cómo la corona no es una simple muestra del poder, sino un medio que conecta con un mundo celestial descrito desde la antigüedad.

 

BIBLIOGRAFÍA:

REVILLA, F., Diccionario de iconografía y simbología, Cátedra, Madrid, 2018.

DEL MAR, Mª (coord.), El espejo de nuestra historia: la diócesis de Zaragoza a través de los siglos, Zaragoza, 1991.



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