Imaginando una capilla gótica

Imaginando una capilla gótica

Hacemos un pequeño paréntesis en nuestras publicaciones sobre la reforma del palacio arzobispal, donde se ubica el Alma Mater Museum, para hablar con mayor detalle de la construcción y el aspecto de la capilla gótica descubierta durante los trabajos de restauración.

Debemos situarnos en el siglo XV, momento en el que se inicia la construcción de la sede de la Diputación del Reino de Aragón, levantada entre 1437 y 1450, junto al palacio arzobispal. Estas obras motivan una serie de reformas en la residencia de los arzobispos de Zaragoza, puesto que se erigen una serie de estancias destinadas al uso personal de los prelados y una capilla palatina, se repara la cercana iglesia de San Juan del Puente y se termina urbanizando un espacio conjunto que daría acceso a ambas instituciones, incluyendo zonas ajardinadas. Finalmente, la sede de la Diputación y la residencia arzobispal acabarían comunicándose con la construcción de la galería que mandó realizar la reina Isabel I de Castilla (1474-1504) en 1481. Para comprender mejor estos trabajos, cabe señalar que diferentes miembros de la casa real fueron prelados de la sede caesaraugustana en la segunda mitad del siglo XV y durante gran parte del siglo XVI, y, algunos de ellos, a la vez ostentaron el cargo de virrey de Aragón.

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Decoración en yeso de los lunetos apuntados de la capilla gótica del palacio arzobispal.

 

Algunas de estas obras se llevaron a cabo en tiempos del arzobispo don Dalmau de Mur (1431-1456). En su testamento, redactado en 1454, se indicaba que había comprado unas casas cercanas con la intención de ampliar el palacio, y por ello las legaba a sus sucesores para que llevasen a cabo las obras. Por otro lado, se tienen noticias de que el prelado costeó la construcción del salón principal del edificio por aquel entonces, que recaía a la plaza de la Seo, y también se conservan vestigios materiales, como los restos de un can y una jácena procedentes de un gran alfarje, y dos fragmentos pertenecientes a un friso. Entre estos elementos, nos interesa especialmente el can, ya que muestra el escudo de armas del arzobispo.

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Sotabanco y banco de alabastro del retablo encargado por el arzobispo don Dalmau de Mur para la capilla del palacio arzobispal, hoy en el Museo Metropolitano de Nueva York.

Don Dalmau de Mur promovió asimismo la construcción de la capilla palatina, erigida en honor a Santa Tecla, cuyas obras comenzarían en torno a 1445. Fue levantada con ladrillo y yeso, y constaba de dos tramos de planta cuadrangular, cubiertos por dos bóvedas de crucería. Aunque estas bóvedas desaparecieron en la reforma llevada a cabo un siglo después por don Hernando de Aragón (1539-1575), todavía pueden contemplarse los arranques y los lunetos apuntados que se encontraban bajo estas, ornamentados con labores de yeso formando motivos característicos del gótico flamígero. A este gran espacio se accedía a través de una portada formada por un arco apuntado, ubicada en su lado sur, el más cercano a la Seo. Para la solería se encargaron 4.000 azulejos a maestros locales y turolenses, y, tras cancelar el acuerdo, se encargaron otros en 1449 a Mahoma al Mediní, que debía tomar como referencia los que se habían dispuesto en el coro de la Seo, pero consiguiendo unas piezas de mejor factura y con un colorido más intenso. Será tiempo después cuanto se realice el retablo destinado a este lugar, construido en la década de 1450 y terminado con posterioridad a la muerte del mitrado.

 

La creación de esta arquitectura flamígera, hoy en el corazón del palacio arzobispal, se explica con la llegada a Zaragoza de un grupo de profesionales procedentes del Norte de Francia, en la primera mitad del siglo XV. Este grupo, que trabajaría en la construcción de la desaparecida capilla de San Agustín de la catedral del Salvador y en la actual capilla de los Corporales de la colegiata de Daroca, trajo consigo las novedades del estilo, que serían desarrolladas en la capilla palatina una vez que el equipo se habría dispersado por otras zonas de la península.

 

Bibliografía:

ÁLVARO ZAMORA, Mª. I., “Techumbres y azulejería mudéjares en el Palacio Arzobispal de Zaragoza”, en Ibáñez Fernández, J. (coord.), Primeras Jornadas sobre el Palacio Arzobispal de Zaragoza. El Palacio medieval, Zaragoza, 22 y 23 de marzo de 2012, Arzobispado de Zaragoza, Museo Diocesano y Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza. Actas, pendientes de publicación.

BUESA CONDE, D. J. y BOROBIO SANCHIZ, J.,  “El Museo Diocesano de Zaragoza. Su proceso de creación”, Artigrama, núm. 29, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, Departamento de Historia del Arte, 2014, pp. 37-64.

CHIRIBAY CALVO, R., “Algunos apuntes para el conocimiento del Palacio Arzobispal de Zaragoza”, Aragonia Sacra, núm. I, Zaragoza, Arzobispado de Zaragoza, 1986, pp. 29-51.

CHIRIBAY CALVO, R., “El Palacio Arzobispal de Zaragoza”, en: Álvarez Gracia, A. [et al.], La plaza de la Seo. Zaragoza. Investigaciones histórico-arqueológicas, Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, Sección Municipal de Arqueología, 1989, pp. 45-60.

IBÁÑEZ FERNÁNDEZ, J., La capilla del palacio arzobispal de Zaragoza en el contexto de la renovación del Gótico final en la Península Ibérica, Zaragoza, Museo Diocesano de Zaragoza, 2012.



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